Barrio de los Caballeros


Plaza del Conde Cheste

Plaza de Colmenares

Plaza de San Facundo

Plaza de San Nicolás

Plaza de la Trinidad Iglesia de la Trinidad y Torreón de Hércules

Iglesia de San Quirce

Plaza de San Esteban

Casa de Antonio Machado

Estatua de San Juan de la Cruz

 

Plaza del Conde Cheste

Entramos en la Plaza del Conde Cheste, por la calle del Vizconde de Altamira, Don Luis Felipe de Peñalosa. Antes fue plaza de San Pablo, en recuerdo a la iglesia románica que en ella se ubicaba hasta 1.881, año en que fue derribada cuando ya estaba avanzada su ruina.

Ocupaba esta iglesia lo que ahora es el pequeño jardín y fue parroquia de no más de media docena de nobles familias, residentes a su alrededor. Aún hoy, se observa que, sin excepción, todo su contorno está sembrado de palacios.

La Casa de los Marqueses de Lozoya, edificio evolucionado desde el siglo XIII, presenta una portada románica. Está adornada con esgrafiado; en épocas pasadas fue mayorazgo de los Cáceres y en el S XIX pasó a ser propiedad del linaje de los Lozoya.

 En el muro oeste de esta casa vemos una hornacina que cobija la copia de la Virgen románica de los Remedios, obra del segoviano Ángel García Ayuso, ubicada bajo el escudo de Castilla y León; ambos se encontraban en la puerta de la muralla de San Juan, demolida en 1.888. La puerta estaba defendida por la torre cuadrada del lado sur de la  Casa de las Cadenas o del Conde de Chinchón, la residencia más sólida de la ciudad. Esta casa posee, aparte de una espectacular fachada principal, muros almenados, troneras, saeteras y matacanes. Desde este punto hasta la plaza de San Sebastián podemos admirar otros dos torreones.

Este edificio perteneció en el siglo XV al matrimonio formado por Andrés Cabrera, Marques de Moya alcaide del Alcázar, mayordomo de Enrique IV y de los Reyes Católicos y Beatriz de Bobadilla, camarera mayor, dama principal y gran amiga de Isabel la Católica, quien les concedió el título de Condes de Chinchón. Tal era la influencia de Beatriz de Bobadilla que el pueblo acuñó el dicho de que “después de la Reina de Castilla,  la Bobadilla.”

El Palacio de Quintanar, del Siglo XV, fue hasta finales del XX Conservatorio de Música. Este edificio posee una peculiar portada de caliza blanca con el frente adornado por once yelmos, dispuestos en forma de arco. Encima puede verse un escudo con dos salvajes tenantes, que sujetan las armas que corresponden al linaje de las familias Heredia, Peralta, Avedaño y Osorio, todo ello protegido por un alfiz liso.

 Enfrente, podemos ver la casona del Conde de Cheste, construida en el siglo  XVI y desde hace varios años colegio de las Madres Concepcionistas. Esta casa perteneció al regidor Juan de Contreras; su portada de arco adovelado y blasón dentro del alfiz, pertenece a su linaje. En la mitad de la fachada existe un arco tapiado que en su momento fue la entrada a otro palacio anejo unido al anterior. La fachada aún conserva los voladizos que con tanta profusión protegían los vanos de las casas antiguas, una ventana geminada y parte de la cadena de piedras que delimitaba los edificios.

 Salimos a la Plaza del Conde de Cheste, por los palacios de Uceda-Peralta y el de los Marqueses de Castellanos, del siglo XVII, hoy sede de la Diputación Provincial. La fachada, hasta la mitad de su altura, se resuelve con un zócalo de granito en sillares. El resto está adornado de esgrafiado. De estilo renacentista, la portada adintelada está flanqueada por dos columnas, al igual que las esquinas de los extremos del edificio aunque éstas dan la impresión de no estar rematadas.

Plaza de Colmenares

La Plaza de Colmenares está presidida por la iglesia de San Juan Bautista, conocida como de los Caballeros. La familia Zuloaga salvó este templo de la ruina comprándolo en 1904. Actualmente, alberga el museo del ceramista Daniel Zuloaga.

La iglesia contiene restos de edificaciones romanas y de un templo paleocristiano visigodo del siglo V y VI, templo que subsistió hasta el siglo X, según cuenta Diego de Colmenares y Peñalosa, historiador y párroco de este templo entre 1.617 y 1.651.

Es un edificio de planta rectangular con tres ábsides, tres naves muy estrechas las laterales y muy ancha la central, separadas por columnas, con imposta en lugar de capitel. La torre es del siglo XVI y consta de una base muy sólida, una segunda planta de arcos dobles de medio punto y una tercera con arcos conopiales, que sustituyeron a las antiguas ventanas románicas.

Hasta el siglo XX, este templo ha sido objeto de constantes reformas. En su interior se hallan los enterramientos de los nobles Fernán García y Díaz-Sanz, que flanquean el de Colmenares,  párroco de esta iglesia, que está situado en el centro. Estos nobles caballeros son los que dan nombre a la Iglesia. Cerca del muro del  ábside pueden observarse restos de pinturas murales del siglo XIII que reflejan el Pantocrátor junto a otras escenas.

 En la nave central se encuentra la tumba de Angelina de Grecia, princesa griega casada con un noble segoviano en el siglo XIV. En la nave de la derecha podemos ver un mural cerámico que representa los Apóstoles rodeando a Cristo.

 En la plaza, junto al ábside sur, se encuentra la escultura de Daniel Zuloaga, labrada en piedra rosada.  

 El ceramista Zuloaga eligió este templo como lugar de trabajo instalando en el interior de la iglesia los hornos y el taller y construyendo su vivienda en el piso alto.

 Enfrente de la iglesia de San Juan de los Caballeros existe un edificio que ostenta una lápida que recuerda  que la casa perteneció al licenciado Diego de Colmenares y que murió en ella el día 29 de enero de 1.651 Colmenares, además de párroco de San Juan de los Caballeros fue el primer cronista de nuestra ciudad.

 Para escribir la Historia de la Insigne Ciudad de Segovia y Compendio de las Historias de Castilla, invirtió catorce años. La obra se publicó finalmente en 1.637.

Plaza de San Facundo

En esta plazuela se encuentra el busto de Lope de la Calle Martín obra de Emiliano Barral, Lope de la Calle fue un periodista, abogado, director del Instituto General, Presidente de la Diputación y miembro del Ayuntamiento de la ciudad que nació en 1.850 y murió en 1.917.

A un lado de la Plaza se sitúa el Palacio de los Villafañe, con la portada plateresca más elaborada Segovia, formada por fuerte dintel y jambas flanqueadas por columnas de capiteles compuestos. Sobre la cornisa vemos el blasón familiar circundado por corona de motivos vegetales. Este edificio acoje hoy dependencias de Caja Segovia.  

En la fachada una lápida recuerda que sobre una gran parte del solar de esta plaza, estuvo la iglesia románica de San Facundo, demolida en 1.884.  En la esquina de esta plaza de San Facundo con la calle de San Agustín vemos un caserón que hasta hace pocos años albergó el Museo Provincial. La casa es conocida como la Casa del Hidalgo; es un edificio del siglo XVI declarado Monumento Nacional en 1.955 que perteneció a los Bermúdez de Contreras. Conserva el patio, las estancias y el artesonado de la época y hoy acoge el Museo de la Fundación Rodera Robles. El museo muestra las colecciones propias de la Fundación además de variadas exposiciones temporales.

 Retrocedemos hacia la plaza del Doctor Laguna en la que se erige el monumento al ilustre segoviano, médico humanista del emperador Carlos I. Al llegar a la plaza de los Huertos, encontramos al Oeste el palacio de los Arias Dávila, construido por esta poderosa e influyente familia segoviana en el siglo XV y actualmente ocupado por la Delegación de Hacienda.

 El torreón de este palacio, decorado con diferentes franjas de esgrafiado, entre almenas y saeteras luce el escudo de la familia que administraba las finanzas de la corona en el s. XV. Enfrente se encontraba el Palacio Real de San Martín, mandado construir por Juan II para el príncipe Enrique IV y que fue vendido en partes tras su muerte. Este rey  siguió la costumbre árabe de disponer de diversas casas para diferentes funciones en la misma ciudad, financiando también la construcción del Monasterio del Parral como retiro espiritual y la de San Antonio El Real como finca de caza.

Por la calle de Ildefonso Rodríguez llegamos a una parte del Palacio de la Reina Doña Juana de Portugal donde, según nos cuenta el rótulo de la plaza, se encontraban las arquetas de distribución de aguas del Acueducto.

En esta plaza se han encontrado los registros de distribución de aguas datados en el siglo XV, con aliviaderos y compuertas del canal madre, que se prolonga por la plaza de los Huertos, atravesando la Plaza Mayor, donde recientemente se descubrió un desarenador, y otra distribución de aguas a la judería y canonjías. Los aljibes son muy frecuentes en esta zona. Aljibe es palabra árabe que describe la cisterna que se excavaba en la roca y se impermeabilizaba después para almacenar el agua.

 Un aljibe bien documentado es el aljibe del Alcázar, que aparece como tal en un escrito de 1.504 que versa sobre las ordenanzas del agua del Acueducto en tiempos de la reina Doña Juana. La plaza del Seminario es el punto más alto de la ciudad, tiene forma triangular y por ella también discurre el canal madre del acueducto. En esta plaza observamos la sobria fachada de la iglesia de la Compañía de Jesús, construida hacia 1.590. La fábrica de este templo es barroca jesuítica, con sillares de granito almohadillados, con tres puertas en la misma fachada, la central más alta sobre la que campea el escudo de la Orden. Tras la expulsión de los jesuitas, se instaló aquí el Séminario Conciliar y Escuela de Teología.

 Bordeando la  subdelegación del Gobierno por la calle de Eulogio Martín, hacia la plaza de Colmenares, disfrutaremos de varias mansiones que pertenecieron a la nobleza segoviana. Estas construcciones conforman una estructura urbana pensada para el dulce vivir, y aún hoy puede percibirse este halo de tranquilidad en sus fachadas de puertas románicas ó en los palacios  blasonados, con jardines de altos muros.

Plaza de San Nicolás

En esta plaza de San Nicolás encontramos la iglesia románica del mismo nombre, de la que sólo queda la estructura de los siglos XII y XIII. Consta de una sola nave con ábside central. Al igual que ocurre en numerosos templos románicos de Segovia, el segundo ábside es la base del campanario. El atrio es añadido y sus columnas renacentistas de piedra caliza blanca, enfajadas, representan motivos animales y vegetales. Actualmente alberga el Taller Municipal de Teatro.

 Por la calle del mismo nombre, dejamos a nuestra derecha la trasera del  palacio de Mansilla, actual sede de la Universidad de Valladolid. Conserva este edificio restos de estructuras románicas, góticas y renacentistas, con elementos muy interesantes. Al fin  llegamos a la plaza dedicada al insigne periodista segoviano Cirilo Rodríguez para detenernos justo enfrente de la plaza conocida popularmente como plaza de Correos.

Plaza de la Trinidad Iglesia de la Trinidad y Torreón de Hércules

Llegamos ahora al Convento de Santo Domingo de Guzmán, ocupado por religiosas dominicas desde 1.513. La torre del siglo XIII, llamada de Hércules está perfectamente conservada. En el interior una escultura nos muestra la imagen del mítico personaje y unas interesantisimas pinturas mudéjares. La iglesia de la Trinidad, enfrente del convento, es un templo pequeño de una sola nave y  el único ejemplo en la ciudad de edifico románico cubierto con bóveda de cañón. Actualmente es una las pocas parroquias que sigue cumpliendo su función religiosa dentro de la ciudad amurallada, absorbiendo la feligresía de las muchas otras iglesias hoy desaparecidas o que actualmente han cambiado de función.

Debido a la excesiva proximidad de los edificios, no resulta fácil contemplar su ábside. Sobre el crucero se eleva el campanario ubicado en sólida torre, que dispone de un único piso de ventanales. Más fácil nos resulta observar la galería porticada al sur, el atrio, utilizado como lugar de reunión de gremios. Cuenta con dos portadas y cinco vanos sobre esbeltas columnas gemelas decoradas con grandes hojas en los capiteles; el segundo capitel a la derecha muestra escenas de la Visitación y del Nacimiento, bajo arcos de medio punto.

 La fachada de occidente muestra un largo ventanal acompañado por una elegante puerta abocinada en la parte inferior, en cuya arquivolta interna se esculpió un crismón. Era el crismón la señal que se fijaba en los templos católicos para distinguirlos de los arrianos. Frente a ésta, se halla la acogedora capilla de Santo Domingo de Guzmán; su portada muestra restos de un arco románico anterior y forma parte del edificio del convento de Madres Dominicas.

 Bordeando el lado norte, pasamos por un estrecho callejón hacía la plaza de San Nicolás. Las casas de esta zona están construidas de mampostería y madera y son un claro exponente de arquitectura popular.

Iglesia de San Quirce

Pasamos por una calle estrecha dedicada al recuerdo de María Zambrano, una de las grandes figuras de la filosofía y literatura españolas del siglo XX.

La familia de María Zambrano vino a la ciudad en 1.909, cuando María tenía cinco años. Vivió aquí su infancia y adolescencia, hasta que en 1.924 toda la familia se traslada a Madrid. María Zambrano describió como nadie la luminosidad de esta ciudad.

 “No cae la luz en Segovia, la ciudad entera se alza hasta ella. La alcanza en su crecimiento, hasta llegar al nivel en que esta luz se da”

La iglesia románica de San Quirce, aparece ahora a nuestra izquierda, al final de la calle. Fue adquirida en 1.927 por la Universidad Popular para establecer en ella su sede. Esta institución recogió la herencia cultural de la desaparecida Sociedad Económica de Amigos del País. En la actualidad el edificio acoge a la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce, heredera a su vez, de la Universidad Popular.   

Plaza de San Esteban

Al salir de la calle de los Desamparados nos detenemos en la plaza de San Esteban. El templo que domina la plaza fue construido entre los siglos XII al XIII, en piedra caliza rosada que se enciende dorada a la luz del sol. En esta iglesia fueron bautizados Diego de Colmenares y el General Arsenio Martínez Campos. También está sepultado en ella el arquitecto Pedro de Brizuela.

Consta de tres naves y tiene atrio al mediodía cumpliendo la tradición de muchos templos románicos, con bellos capiteles sobre fustes de granito. Podemos admirar la esbelta torre románica, de 53 metros, que bien merece el nombre de reina de las torres bizantinas. Tiene seis cuerpos. El primero se apoya en un considerable zócalo de granito, y los cinco restantes muestran vanos columnados que aumentan a medida que se elevan. En los ángulos, baquetones de arriba abajo  le confieren una soberbia esbeltez.

Estamos ya en el Barrio de los Caballeros. Comprende este barrio todo el lado Norte y Este del recinto amurallado entre la puerta de Santiago y la de San Juan. Por su lado sur alcanza la plaza de San Martín. El barrio de los Caballeros estuvo habitado por nobles y aún hoy posee un espléndido conjunto de casas blasonadas, como la situada frente a la iglesia de San Esteban. Es el  palacio renacentista de mayor tamaño de nuestra ciudad. Fue mandado construir por la familia de los Salcedo, a comienzos del siglo XVI, y es sede del Obispado desde 1.750.

Su impresionante fachada plateresca mira a poniente y está realizada con sillares almohadillados de piedra berroqueña. En la enorme portada campea el escudo del Obispo Murillo, que adquirió el edificio por compra a los Salcedo, si bien el obispo lo amplió y enriqueció hasta dejarlo tal y como lo vemos en la actualidad. A la izquierda podemos admirar la famosa columna de Hércules y a la derecha al mismo héroe luchando contra un león.

Casa de Antonio Machado

Visitamos la casa en la que vivió el gran poeta entre 1.919 y 1.931. En ella podemos disfrutar del ambiente de la época, perfectamente conservado. Esta casa era una pensión muy popular regida por Doña Luisa Torrego.

Antonio Machado, poeta español, miembro de la generación del 98, nació en Sevilla el 26 de julio de 1.875, hijo de un notable estudioso del folklore y nieto de un catedrático de Ciencias Naturales en la Universidad de Sevilla que más tarde fue alcalde y gobernador. Respiró desde la infancia un clima de marcado corte liberal y progresista, hecho este que más tarde condicionaría su vida, obra y pensamiento.

En 1.973 muere la dueña de la pensión y en 1.975 se abre público la Casa Museo de Antonio Machado, gracias al esfuerzo de la Academia de Historia y Arte de San Quirce, denominación actual de la antigua Universidad Popular. Este organismo abordó su compra, conservando de este modo el recuerdo de Antonio Machado en la ciudad.

En la entrada al jardín podemos ver una copia del busto del poeta, realizado por su amigo, el escultor Emiliano Barral. El original se conserva en Burgos y lo que aquí encontramos es una copia exacta del original de Barral realizada por Pedro Barral, hermano de Emiliano.

La entrada a la casa se realiza a través de un zaguán y por unas escaleras que nos conducen enseguida a la cocina de carbón y leña. Podemos ver allí los útiles de cocina de la época, y una pequeña despensa, la fresquera.

En el comedor, el centro lo ocupa una mesa de madera de patas torneadas y cuatro sillas con asiento de madera y respaldo de cartón prensado. Podremos disfrutar también de una sala dedicada a la Universidad Popular, fundada por Machado junto con Mariano Quintanilla, José Rodao, Segundo Gila, Francisco Javier Cabello… todos ellos impartían clases gratuitas para los obreros, que no podían asistir a los centros de los estudios.

Continuamos por el pasillo hasta las habitaciones de los tres inquilinos que habitaban la pensión en aquellos años. La primera estuvo ocupada por un funcionario de Hacienda, hoy muestra obra y fotografías del poeta. La habitación siguiente perteneció a un funcionario del Catastro y junto a ella, encontramos la que ocupó Antonio Machado.
La habitación del poeta se conserva en el mismo estado en que él la dejó, con el brasero debajo de la mesa camilla, y delante de ella la papelera de alambre. Bajo la cama de hierro una  escupidera de loza, a la derecha la palangana y la jofaina.

La estufa de petróleo es un regalo que Antonio Machado hizo a su patrona. A él no le gustaba encenderla porque se llenaba la habitación de humo. Es conocida la anécdota que relata cómo Machado abría el balcón en pleno invierno, afirmando que lo hacía para que saliese el frío, que era mas intenso en su dormitorio que en la calle.

Estatua de San Juan de la Cruz

La estatua de San Juan de la Cruz se erigió en 1.991 para conmemorar el cuarto centenario de su muerte, y es obra del escultor José María García Moro. Se encuentra situada en una pequeña terraza en la Plazuela del Vallejo. Esta realizada en bronce, mide dos metros treinta centímetros de altura y pesa 800 kilos. La escultura muestra la sencillez del corazón del santo, con la mirada fija en lo alto, un libro abierto en la mano izquierda y la cruz en la derecha.

La ciudad de Segovia, en la época en que la vivió San Juan de la Cruz, se encontraba en un momento de crecimiento debido a su floreciente industria textil, hecho que la había convertido en la capital industrial del norte de España. Esta situación de auge económico contrasta con el decaimiento que arrostraban otros núcleos urbanos castellanos. Acogía la ciudad entonces manifestaciones de intensa religiosidad colectiva, como lo evidencia el asentamiento de diferentes órdenes religiosas y la construcción de una nueva catedral en sustitución de la antigua románico-gótica, que quedó muy dañada por los conflictos comuneros.

Los tres años de estancia de Fray Juan de la Cruz en la ciudad de Segovia, desde 1.588 a 1.591, fueron los últimos de su vida y supusieron un período de paz que presagiaba futuras tempestades ya que Juan de la Cruz fue apartado de Segovia por discrepancias con la orden y acabó arrinconado en un lugar cercano a Jaén, refugiándose más tarde en un convento de Úbeda, donde muere el 14 de diciembre de 1591.

Trás su muerte, sus adversarios reconocieron su santidad y su entierro constituyó una gran manifestación de homenaje.  Hoy, siguiendo este paseo que lleva su nombre, podemos visitar su convento, un lugar propicio para la oración, a orillas del río Eresma. En él se hallan sus restos incorruptos trasladados desde Úbeda en 1.593.