Canonjías

 

Antes de llegar al Alcázar por la calle del Marqués del Arco nos detenemos al comienzo de la plaza de la Merced. A la derecha se encuentra el convento de San José, de Carmelitas Descalzas. Es esta la novena fundación de Santa Teresa de Jesús. En este convento aún se conserva la celda en la que la Santa de Ávila escribió parte de Las Moradas.

San Juan de la Cruz, tras finalizar sus estudios de teología en Salamanca y ser ordenado sacerdote, conoce en 1.567 a Santa Teresa de Jesús. Ambos emprendieron la restauración de la Orden del Carmelo. En 1571, Santa Teresa asumió el cargo de superiora en el convento no reformado de la Encarnación de Ávila siendo San Juan de la Cruz el elegido para que fuese su director espiritual y  confesor. Ambos llegarían por primera vez a Segovia en 1574 y Juan de la Cruz ofició la misa en esta novena fundación de la santa, el 19 de marzo. Por este motivo el convento se colocó bajo la advocación de San José.

En el otro extremo de la plaza llama la atención la esbeltez del campanario mudéjar de la Iglesia de San Andrés, coronado por un chapitel barroco. Destacan las esquinas, los frisos, el ladrillo en los vanos y en los tres cuerpos altos; el resto de la torre se revoca con cuidada mampostería. A los pies de la torre, realizado en piedra de sillería, resulta más que notable el ábside principal, que exhibe tres ventanales y una pareja de columnas que cumplen la función de contrafuerte. Junto a él y en el costado del mediodía, se construyó otro ábside menor de traza gótica.

Bajamos por la calle Daoiz, que da entrada a un espacio casi triangular que el Concejo de la ciudad donó al Cabildo de la Catedral para que los canónigos construyeran sus residencias, en la primera mitad del siglo XII. Este espacio es ahora barrio de las Canonjías, que dispone sus viviendas alineadas a ambos lados del canal madre del Acueducto. Las casas constaban de zaguán, patio, jardín y corral, además de estancias en la planta baja y primera. Todo el barrio quedaba cerrado por tres puertas y gozaba de fueros propios con derecho de asilo, siendo por otro lado paso obligado hacía la Catedral y el Alcázar. Cabe destacar las fachadas de arco románico, decoradas con arquivoltas e impostas.

Puerta de la Claustra

El recinto del Alcázar está cerrado por una verja de hierro de la época de Fernando VII, construida en el año 1817. Se realizó fundiendo el metal de los fusiles usados durante la Guerra de la Independencia y está flanqueada por dos morteros de grandes dimensiones, en los que aparece grabado su peso, 5.456 Kg.

Saliendo del Alcázar enfilamos la calle Velarde, el otro eje de las Canonjías. Al principio de la calle una lápida nos recuerda que estamos ante la cuna de la imprenta. Aquí se imprimió en 1.472 el primer libro en España: el Sinodal de Aguilafuente.

Al final de esta calle se encuentra la puerta románica de la Claustra, muy sencilla, bordeada de una sola moldura, sin adornos, con una hornacina que alberga una Piedad protegida por un tejadillo. Esta es la única puerta que se conserva de las tres que existieron para cerrar este barrio del clero. Las dos puertas restantes se destruyeron en 1.570 con el fin de permitir el paso hacia el Alcázar al cortejo nupcial de Ana de Austria y Felipe II.

Jardín de Fromkes

Pasada la puerta de la Claustra llegamos a un jardín y mirador que llevan el nombre del pintor Mauricio Fromkes. Desde aquí fijamos la mirada en el valle del Eresma con el Monasterio del Parral y la torre de San Esteban a la derecha. Podemos, además, continuar disfrutando de las portadas románicas de las Canonjías casi hasta llegar a la calle del Vallejo, donde nos detenemos ante la escultura de San Juan de la Cruz. La escultura se colocó en este lugar como recuerdo del camino que solía realizar el santo, desde su convento en el valle del Eresma hasta la ciudad.