Plaza de San Martin


San MartínSan Martín

Remontamos  la escalinata para llegar a la plaza de Medina del Campo, en la calle de Juan Bravo. A la izquierda surge un nuevo ejemplo de residencia nobiliaria: el antiguo palacio que mandaron construir los Vázquez de Cepeda o Tordesillas, hoy conocida como la Casa del Siglo XV. En este edificio hay que hacer notar que la ubicación de los elementos arquitectónicos no guarda ninguna simetría aunque encierra una gran belleza. Dispone de dos entradas, la principal, con arco de dovelas y el escudo de los Tordesillas sobre la única ventana, protegido por un gran alfiz de bolas; a la derecha otra entrada adintelada, sobre la que se abre un balconcillo que da paso hoy a un establecimiento comercial.

En el piso alto de esta casa se incorporó un siglo más tarde, una bellísima galería, formada por cuatro arcos conopiales sobre cinco cortas y anchas columnas con grandes capiteles. La galería, al más puro estilo plateresco, está rematada con bolas.Durante el reinado de los Reyes Católicos, el dinero que con anterioridad era destinado a la guerra se destina ahora a la mejora de la cabaña de ganado lanar, apareciendo durante su reinado la raza merina, como resultado del cruce de oveja castellana con africana. Flandes comienza a comprar lana a Castilla ante la falta de suministro desde Inglaterra, favoreciendo de este modo la industria pañera castellana, que se hace más pujante cada día. Este auge de los paños hace aumentar en la ciudad el número de familias enriquecidas que adquieren hidalguía.

Esta singular plaza que se urbaniza en 1.851 es conocida popularmente como de “Las Sirenas”, y recibe su nombre en alusión a los seres fabulosos que los canteros representan con cuerpo de pájaro y cabeza y pechos de mujer. Sin duda las sirenas que dieron el nombre popular a esta plaza son las que podemos ver en el pórtico del mediodía de la iglesia de San Martín: dos capiteles, uno románico y otro neorrománico con seis sirenas idénticas, cuyas alas explayadas miran a los cuatro puntos cardinales.

La confusión hace que se consideren “sirenas” a las esfinges de piedra blanca de Colmenar, talladas por Francisco Bellver en 1852. Esta plaza está formada en realidad por dos placitas separadas por cuatro tramos de escalera. La plaza inferior alberga el monumento al héroe comunero Juan Bravo de Mendoza, obra en bronce del escultor segoviano Aniceto Marinas que fue erigida en 1.921. Esta plaza baja lleva el nombre de Medina del Campo, en reconocimiento a la solidaridad que el concejo de la villa vallisoletana demostró a la ciudad de Segovia con ocasión de los acontecimientos acaecidos en 1.520 durante la Guerra de las Comunidades. Si leemos el rótulo que da cuenta del nombre de esta plaza ubicado a la derecha de las escaleras que unen los dos espacios, descubriremos la emotiva carta que Segovia envió a Medina en agradecimiento al apoyo que prestó a la ciudad.

Subimos las escaleras y a la derecha, podemos observar uno de los palacios más sobresalientes de la ciudad el Torreón de Lozoya. Su solidez es la propia de una fortaleza y es consecuencia de un siglo prolijo en tumultos y revueltas. Algunos restos arqueológicos nos autorizan a remitir el origen de este edificio a época romana. Entre otros vestigios se conserva lo que puede suponerse parte de un caldarium, aunque la  fisonomía actual está fechada entre los siglos XIV y XVI. Unidos a la historia de este edificio están los linajes de no pocas familias nobles segovianas, la última de las cuales los Lozoya,  acabaría por dar nombre al palacio.

La construcción data de los siglos XIV y XV, por fundación de Alfonso de Cuéllar. Sobresale la gran torre que da entrada al edificio a través de una portada de arco de dovelas flanqueada por saeteras. La planta es rectangular con cuatro cuerpos y alcanza altura considerable. Se cubre y adorna con un esgrafiado muy antiguo, irregular, a base de motivos circulares, aros o círculos de raigambre mudéjar. La portada ostenta en su clave el blasón de los Aguilar.

En la construcción del Torreón de Lozoya el granito se reserva únicamente para elementos esenciales de la estructura: esquinas y cuatro ventanas. En el primer cuerpo apreciamos un ajimez, una ventana partida o geminada, en el segundo, una pequeña ventana de arco conopial y en el  tercero dos ventanas, una estrecha de ojiva y otra más ancha también conopial. Ya en el siglo XVI el edificio adquiere su carácter de palacio, sufriendo una transformación a la que se deben sus dos imponentes patios renacentistas. Este cambio de estilo se aprecia también en los materiales y decoraciones utilizados en la reforma del edifico original.

En 1.968 la Caja de Ahorros de Segovia adquiere el inmueble y acomete una intensa labor de restauración de la mano del arquitecto Joaquín Vaquero Palacios. El Torreón de Lozoya es hoy sede de la Obra Social y Cultural de Caja Segovia que desarrolla en él una intensa actividad cultural. Saliendo del Torreón de Lozoya nos esperan dos robustas fachadas platerescas del siglo XVI, la primera perteneció a los Condes de Bornos y está construida en sillares de berroqueña, con un gran arco de entrada flanqueado por los bustos de Hércules y el de su mujer Onfalia. Observamos las anchas jambas coronadas de fina cornisa sobre la que se apoya el balcón principal y, bajo el frontón, el escudo del linaje.

La casa siguiente es también renacentista y repite el esquema anterior teniendo como detalle peculiar los gruesos baquetones que adoptan la forma de columnas superpuestas, sosteniendo candelabros con los blasones de los Solier. Está coronada por una galería de siete arcos. Seguimos en la parte alta de la Plaza de San Martín, disfrutando del Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente, inaugurado en abril de 1.998 y ubicado en el que fuera Palacio de Enrique IV, cuya construcción original se remonta a 1.455.

El museo alberga la colección donada por el pintor segoviano Esteban Vicente, el único miembro español del expresionismo abstracto americano. Esteban Vicente nació en Turégano en 1903 y murió en Long Island en 2001. Sus cenizas reposan hoy en el jardín interior del edificio. En este Museo la exhibición de la colección permanente de las obras de Esteban Vicente se alterna con exposiciones temporales, conferencias, recitales y conciertos en sus cinco salas y en la capilla renacentista de artesonado mudéjar convertida hoy en auditorio.

En el centro de la plaza, la fuente circular muestra dos angelotes sujetando un gran pez flanqueado por dos leones. Es obra del escultor Bellver, de 1851. La iglesia de San Martín tiene una estructura de tres naves y cabecera con tres ábsides, que van descendiendo por el desnivel del terreno con gran juego de volúmenes. El ábside mayor se derribó para ser sustituido por una cabecera plana, decorada con esgrafiado y un relieve románico de San Martín de Tours en el centro, bendiciendo con su mano derecha.

El templo ha sufrido muchas transformaciones; la construcción románica se data en el siglo XII y fue realizada sobre otra mozárabe, aún visible en el cuerpo central del interior. La torre en ladrillo, que se apoya sobre la primitiva fábrica, fue reconstruida el siglo XIV y está cubierta por un chapitel barroco.

A lo largo de la galería situada al sur, se presentan trece hermosos arcos apoyados sobre columnas dobles que muestran un bestiario en los capiteles. Animales del bien y del mal, emparejados con clara función moralizante y combinados con estilizados vegetales. Todo el templo está cimentado en granito para soportar el peso derivado del desnivel del terreno. En el exterior los capiteles presentan claras escenas del Nuevo Testamento  como el beso de Judas, la presentación del niño Jesús en el Templo, el pantocrátor, los apóstoles…

Estos amplios atrios de las iglesias de la ciudad fueron siempre elementos semipúblicos que, desde su primitiva función de zona de enterramiento, pasan a cumplir la de espacio de reunión en el que tratar asuntos comunes. También en el atrio se celebraban representaciones teatrales o asambleas de concejos.

El atrio occidental de San Martín sigue las mismas trazas, pero se ve interrumpido por la gran portada externa compuesta por cinco grandes arquivoltas decoradas con baquetones y complejos dibujos geométricos, apoyados en jambas prismáticas y en columnas cuyos fustes están sustituidos por notabilísimas imágenes.

Las cuatro esculturas románicas a modo de columnas, dos a cada lado, de cuerpos alargados, representan a los Profetas Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel. A la izquierda, en el tercer capitel del atrio, disfrutamos de una representación iconográfica de la Última Cena.